Mendiola es una de las sidrerías más antiguas de Gipuzkoa pero, también, una de las pocas regentadas durante cinco siglos por una misma familia. Su primer documento histórico data del 20 de mayo de 1563. Desde entonces sus propietarios, generación tras generación, se han dedicado a la elaboración de sidra y al cultivo de la manzana.
En siete ocasiones el heredero de Mendiola fue una mujer, de ahí que en estos 450 años de historia el apellido de sus propietarios haya variado tanto.


En la década de 1590 este artilugio fue sometido a diferentes mejoras para su acondicionamiento, para finalmente ser sustituido por uno nuevo a mediados de la centuria siguiente.

En los años 1823 y 1854 se procedió a la reconstrucción del caserío porque su interior “amenazaba ruina”, por lo que es muy probable que fuera entonces cuando se desmontara el antiguo lagar del siglo XVII y se procediera a la construcción del edificio anejo al caserío para colocar en él el nuevo lagar, el cual todavía existe.

Salvo en la década de 1590, sus dueños han explotado directamente la finca. La producción de manzanas y la elaboración de sidra han sido sus principales actividades, de ahí su preocupación por producir manzanas de calidad (dos variedades, incluso, actualmente son conocidas y comercializadas bajo las denominaciones de Mendiola y Astarbe), aumentar sus plantaciones y tener los viveros de manzanos en óptimas condiciones. Ello les posibilitó dedicarse a la comercialización de la sidra y figurar en algunos momentos de la historia en la nómina de los principales productores de sidra de Astigarraga, como por ejemplo en 1765 y la década de 1920.


Sus primeros dueños fueron Martín de Aizarna y su mujer Catalina de Alcega. El primer Astarbe, de nombre Agustín Antonio, llegó a Mendiola el 17 de noviembre de 1823 a raíz de su matrimonio con María Josefa Ramona de Zubiarrain.

Al igual que otras muchas familias, dispusieron de un férreo control de la transmisión patrimonial mediante contratos matrimoniales y testamentos. Tejieron con este motivo importantes lazos familiares con algunas de las estirpes de mayor raigambre y solera de la zona.

El caserío Mendiola fue levantado en unas heredades –que en aquél entonces estaban bajo el la jurisdicción de los Señores de Murguía, y no en Astigarraga– de gran valor estratégico (al pie del antiguo Camino Real) y económico (una gran extensión de manzanales y de tierras, entre ellas algunas de las más fértiles del entorno). El valor de estas propiedades, además, fue incrementándose merced a la política de la familia de invertir su dinero en la plantación de viveros de manzanos, la adquisición de nuevas tierras o, incluso, compra de otros caseríos (Bordaberri).

Mendiola en sus orígenes fue el típico caserío-lagar vasco. Inmueble de sólida construcción, en su interior albergó un lagar de enormes proporciones que debió ocupar todo el eje longitudinal del edificio en sus dos plantas y debió estar dotado de una gruesa viga horizontal.